UNIDAD EN LA DIVERSIDAD. El trabajo interreligioso desde una fe que no se negocia

Pr. Juan Cruz Cellammare, Presidente de AEL, brindó parte del presente discurso en el Simposio Internacional sobre la Libertad Religiosa en Lima, Perú.

 

Durante el simposio Internacional sobre la Libertad religiosa, desarrollado en Lima, Perú, el Pr. Juan Cruz, Presidente de AEL pronunció en la mañana de este 05 de agosto parte del siguiente discurso:

Hermanos y hermanas, pastores, presidentes de Alianzas nacionales, líderes amados de todo nuestro continente: reciban en el nombre de nuestro Señor Jesucristo un saludo fraternal. Es un privilegio dirigirme hoy a ustedes, cuerpo pastoral que representa a millones de creyentes desde el Río Bravo hasta la Patagonia, para hablarles de un tema que exige de nosotros claridad, coraje y sabiduría: el trabajo interreligioso y la unidad en la diversidad.

Una pregunta legítima que merece una respuesta clara

Sé que al escuchar hablar de “diálogo interreligioso” o de trabajar junto a otros credos, muchos de ustedes sienten, con razón, una alarma interior. Nuestra historia latinoamericana nos ha enseñado a ser cautos. La palabra “ecumenismo” en particular ha generado heridas, confusiones y, en no pocos casos, ha sido la puerta de entrada al relativismo doctrinal y a la dilución del Evangelio. Esa resistencia de nuestro pueblo evangélico no nace de la ignorancia ni del sectarismo: nace de un celo santo por la pureza de la fe que hemos recibido, defendido y predicado a un costo altísimo.

Por eso, antes de avanzar, quiero ser absolutamente claro en algo que debe quedar grabado en el corazón de cada uno de ustedes hoy: cooperar no es lo mismo que unirse doctrinalmente. Trabajar junto a otros no es reconocer que todos los caminos conducen a Dios. Sentarnos en una misma mesa para servir a nuestras naciones no es sentarnos en un mismo altar para ador

Lo que no negociamos

La comunidad evangélica latinoamericana siempre ha sido, y seguirá siendo, respetuosa. Respetamos la dignidad de toda persona, cualquiera sea su credo, porque creemos que cada ser humano ha sido creado a imagen de Dios. Pero el respeto jamás ha significado, ni significará, componenda doctrinal.

“No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Sobre esta convicción no transamos. No participamos de actos de culto sincretista, no relativizamos la centralidad y la exclusividad de Cristo como único mediador entre Dios y los hombres, no diluimos nuestra confesión de fe para ganar un lugar en la mesa pública. Nuestra identidad evangélica, reformada en su raíz, bíblica en su fundamento, no está en discusión ni está a la venta. El ecumenismo, entendido como la búsqueda de una unidad institucional o doctrinal con otras confesiones a costa de la verdad revelada, no es el camino de esta Alianza.

Ahora bien, entre el sincretismo que debemos rechazar y el aislamiento que nos volvería irrelevantes, existe un espacio legítimo, bíblico y necesario: la cooperación cívica y social en causas comunes. A eso quiero llamarlos hoy: no a la unidad de fe con quienes no comparten nuestra fe, sino a la unidad de propósito con quienes comparten, aunque sea parcialmente, nuestra preocupación por el bien de nuestros pueblos.

Las causas en las que sí es positivo trabajar junto a otros credos

Existen terrenos donde nuestra voz, unida a la de otras comunidades de fe, tiene mayor peso ante los Estados, los parlamentos y la sociedad civil, sin que ello implique ceder un milímetro de nuestra identidad. Permítanme detallar las áreas donde esta Alianza entiende legítimo y estratégico el trabajo interreligioso:

  • Libertad religiosa y de culto. Defender ante los gobiernos el derecho de toda persona a creer, practicar, cambiar y expresar públicamente su fe, y denunciar juntos, sin importar el credo de la víctima, todo caso de persecución religiosa.
  • Ayuda social y asistencia humanitaria. Articular con otras comunidades de fe respuestas comunes ante catástrofes naturales, pobreza extrema, migración forzada, hambre y emergencias humanitarias, multiplicando el alcance de nuestra obra
  • Vida y familia. Sostener, junto a quienes también lo defienden, el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, oponiéndonos con una sola voz a toda legislación o práctica que la ponga en riesgo.
  • Protección de la familia y la niñez. Defender el diseño bíblico de la familia y del matrimonio, y trabajar en conjunto por políticas públicas que protejan a la niñez y a la adolescencia de toda forma de explotación, abuso o sexualización precoz.
  • Lucha contra la trata de personas. Unir voces ante los poderes públicos y organismos internacionales contra la trata de personas, la explotación laboral, la esclavitud moderna y el tráfico de menores.
  • Prevención de las Colaborar en campañas conjuntas contra la adicción, el narcotráfico y sus consecuencias sociales, especialmente en comunidades vulnerables.
  • Paz y reconciliación social. Promover juntos la paz social, la reconciliación y la reducción de la violencia en contextos de alta conflictividad, polarización política o
  • Educación y valores cívicos. Defender ante los Estados el derecho de nuestras instituciones educativas a formar según nuestros valores, y promover la educación en principios éticos compartidos: honestidad, trabajo, respeto y solidaridad.
  • Incidencia pública ante la legislación. Presentarnos unidos ante instancias legislativas y de gobierno cuando se debaten leyes que afectan por igual la libertad de conciencia y de todas las comunidades religiosas.
  • Cuidado del medio ambiente y los más Colaborar en el cuidado de la creación y en respuestas responsables ante desastres ambientales que golpean primero a los más pobres.

En cada una de estas causas, trabajamos codo a codo, pero nunca hombro con hombro en el altar. Servimos juntos a la sociedad; adoramos únicamente al Dios que se ha revelado en Jesucristo, conforme a las Escrituras.

La unidad que sí buscamos

La unidad en la diversidad que esta Alianza promueve no es una unidad religiosa: es una unidad de servicio. No buscamos un mínimo común denominador teológico con otras religiones; buscamos un máximo compromiso común con el bien de nuestras naciones. La diversidad que respetamos es la diversidad de credos que coexisten en nuestros países; la unidad que perseguimos es la unidad de acción cívica frente a los desafíos que ninguna comunidad de fe puede enfrentar sola.

Esta distinción, hermanos, no es un matiz semántico: es la línea que nos permite ser sal y luz en la plaza pública sin apagar el fuego del Evangelio que arde en nuestras iglesias. Podemos sentarnos con un rabino, un sacerdote católico, un líder musulmán o un representante de cualquier otra confesión para defender la libertad religiosa de todos, incluida la nuestra, sin que eso signifique que reconocemos su camino como equivalente al que Cristo mismo trazó cuando dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Nuestra identidad, respaldada por millones

Cuando hablamos con otros credos y ante los gobiernos de nuestro continente, no lo hacemos como una minoría marginal que mendiga un espacio. Lo hacemos representando a una de las familias de fe más numerosas del planeta.

  •  La Alianza Evangélica Mundial (AEM/WEA) reúne a 9 alianzas regionales y 143 alianzas nacionales, presentes en 129 países, y representa a un total aproximado de 600 millones de evangélicos en el mundo entero.
  • La Alianza Evangélica Latina (AEL) agrupa a 22 alianzas y confraternidades evangélicas nacionales de todo el continente —desde México hasta la Patagonia—, constituyéndose en la voz representativa ante la Alianza Evangélica Mundial de la vasta y creciente comunidad evangélica latinoamericana, uno de los movimientos de fe de mayor crecimiento en la historia reciente de nuestra región.

Palabra final

Hermanos, no tengan temor de la palabra “cooperación”, pero tampoco confundan jamás cooperación con ecumenismo doctrinal. Salgamos a la plaza pública con la frente en alto, sirviendo a nuestros pueblos junto a quienes quieran sumarse a las causas justas, y regresemos cada domingo a nuestros púlpitos a predicar, sin ambigüedad ni disculpas, que Jesucristo es el único Salvador del mundo.

Que el Señor nos encuentre fieles: respetuosos con todos, pero rendidos solo a Él. Unidos en la diversidad de nuestras naciones, pero firmes en la unicidad de nuestra fe.

Que Dios bendiga a cada Alianza nacional, a cada iglesia y a cada uno de ustedes.

Para leer el discurso completo, puede descargar el mismo en este espacio:

Discurso_Unidad_en_la_Diversidad