EL AVANCE Y DESAFÍO DE LA IGLESIA EVANGÉLICA EN EL CONTINENTE. Discurso para el Cuerpo de Cristo en América Latina

Este discurso fue entregado en un Desayuno con la Alianza Evangélica de El Salvador. En la imagen, el Pr. Juan Cruz Cellammare, Presidente de la AEL.

 

Hermanos y hermanas, amados líderes de la Iglesia de América Latina:

Es un privilegio dirigirme hoy a ustedes para reflexionar juntos sobre un tema que nos convoca con gratitud y también con santa responsabilidad: el avance y el desafío de la Iglesia Evangélica en nuestro continente. Lo que Dios ha hecho en América Latina en el último siglo no tiene precedente en la historia del cristianismo, y lo que Él nos está pidiendo hoy exige de nosotros madurez, unidad y valentía.

  1. EL AVANCE: LO QUE DIOS HA HECHO ENTRE NOSOTROS

Un continente transformado

Sin lugar a dudas, América Latina tiene el mayor crecimiento evangélico después de Asia y África: somos el tercer continente en expansión de la fe. Hace apenas sesenta o setenta años, los evangélicos representábamos poco más del 1% de la población latinoamericana. Según investigaciones del Pew Research Center, en 1910 cerca del 94% de los latinoamericanos se identificaban como católicos y apenas el 1% como protestantes o evangélicos. Hoy, esa proporción evangélica supera el 20% del continente, y en países como Guatemala, Honduras y El Salvador, la población católica ya es menos de la mitad de los habitantes.

En Brasil, uno de cada cinco ciudadanos es evangélico. En Nicaragua, uno de cada cuatro. Esto no es una moda pasajera ni un fenómeno sociológico aislado: es el fruto visible de generaciones de siembra, oración y fidelidad de miles de iglesias locales, muchas veces sin recursos, sin reconocimiento y sin ayuda del Estado.

El envío misionero: de campo receptor a fuerza enviadora

Durante gran parte del siglo XX, América Latina fue vista como territorio de misión, receptor de misioneros de Europa y Norteamérica. Ese tiempo ha quedado atrás. En 1980 había apenas unas 92 organizaciones latinoamericanas enviando alrededor de 1,120 misioneros al campo. Para 1997 esa cifra había crecido a casi 4,000, enviados por 284 agencias. Hoy, según cálculos del movimiento COMIBAM y de líderes como Decio de Carvalho, se estima que hay más de 26,000 misioneros latinoamericanos sirviendo transculturalmente alrededor del mundo, un crecimiento que en algunas mediciones supera el 300% desde el año 2000.

Brasil por sí solo ha llegado a enviar más de 30,000 obreros al campo misionero mundial. Y a escala global, el llamado «Sur Global» —América Latina, África y Asia— pasó de representar apenas el 12% del movimiento misionero mundial en 1970 a cerca del 47% en la actualidad. La cantidad de misioneros latinos en el campo cada año es, sencillamente, mucho mayor que en cualquier época anterior. El gigante dormido, como algunos lo llamaron, está despierto.

La Iglesia en tiempos de crisis

La Iglesia Evangélica en pandemia y frente a catástrofes ha sido la más activa, incluso sin ayuda estatal. Cuando los sistemas de salud colapsaron, cuando los terremotos, huracanes e inundaciones golpearon nuestros pueblos, fueron las iglesias locales las primeras en llegar con comida, oración, acompañamiento y consuelo, muchas veces antes que cualquier institución de gobierno.

Un aporte que no se puede cuantificar

El aporte de la Iglesia en ayuda humanitaria, capellanías en hospitales, cárceles y fuerzas armadas, colegios, escuelas y universidades cristianas, el trabajo carcelario de restauración de vidas, la prevención del abuso sexual y las adicciones, es sencillamente incalculable. Ninguna estadística puede medir cuántas familias se han mantenido unidas, cuántos jóvenes han sido rescatados de las drogas, o cuántos presos han encontrado un nuevo comienzo gracias a la obra silenciosa de la Iglesia local.

Voz por la libertad religiosa

El aporte de la Iglesia a la libertad religiosa ha sido muy significativo, y la Iglesia ha velado por ella con firmeza en foros nacionales e internacionales, defendiendo el derecho de cada persona a creer, practicar y compartir su fe sin coerción.

Relación con la clase política

El relacionamiento con la clase política y de gobierno ha sido muy sobresaliente en las últimas décadas —hoy tenemos voz, mesas de diálogo y presencia pública que antes no existían—, aunque en este terreno aún persisten grandes desafíos, como veremos más adelante.

Una voz unida: las alianzas evangélicas

Hoy existe una Alianza Evangélica Mundial con más de 175 años de historia. Fue fundada en Londres en 1846, cuando cerca de 800 líderes de once países y más de cincuenta denominaciones se reunieron para expresar la unidad del cuerpo de Cristo. Hoy agrupa a más de 600 millones de evangélicos en alrededor de 140 alianzas nacionales en todo el mundo, siendo el segundo organismo eclesial más grande del planeta que habla como una sola voz. Junto a ella, tenemos una Alianza Evangélica Latina consolidada. Ambas son la voz que representa a la amada Iglesia ante los gobiernos, la sociedad y el mundo.

  1. LOS DESAFÍOS: LO QUE DIOS NOS ESTÁ PIDIENDO HOY

Pero no podemos quedarnos solo celebrando el avance. Todo movimiento de Dios enfrenta también un llamado a la madurez. Estos son los desafíos que tenemos por delante:

  1. Evangelización, discipulado y envío misionero

El desafío de siempre seguirá siendo el mismo: evangelizar, discipular con profundidad —no solo convertir, sino formar— y seguir enviando misioneros al campo, especialmente a las zonas menos alcanzadas del planeta.

  1. Más trabajo a favor de la libertad religiosa

No podemos darnos por satisfechos. Debemos seguir trabajando activamente en la defensa de la libertad religiosa, en nuestros países y en aquellos donde nuestros hermanos son perseguidos.

  1. Una relación política sabia y bíblica

Debemos mejorar nuestro relacionamiento con la clase política sin ser tentados por el poder, sabiendo con claridad cuál es nuestro rol, basado en las Sagradas Escrituras. La Iglesia está llamada a ser sal y luz, voz profética, no un actor que busca poder político para sí misma.

  1. Transparencia y cuidado institucional

Debemos ser ejemplo en transparencia financiera, en estatutos y en documentación institucional. Este es uno de los grandes desafíos de nuestra generación. Debemos tener sumo cuidado de que el narcotráfico y el crimen organizado no utilicen a las iglesias para lavado de dinero, algo que amenaza directamente el testimonio de la Iglesia ante la sociedad.

  1. Unidad

Debemos seguir trabajando a favor de la unidad, encontrando los puntos en común que nos unen por encima de nuestras diferencias denominacionales.

III. UN LLAMADO A CADA ALIANZA EVANGÉLICA NACIONA

Y a ustedes, hermanos que lideran las alianzas evangélicas de cada nación de nuestro continente, quiero hacerles una exhortación concreta y práctica:

  • Profesionalicen su Alianza. Si Dios los guía, piensen en contar con oficina propia, un espacio que dé estabilidad y continuidad al trabajo conjunto.
  • Actualicen sus estatutos, de modo que permitan una gestión ágil y una sustentabilidad financiera real a largo plazo.
  • Hagan o apoyen los Desayunos de Oración, espacios de intercesión que abren puertas y tejen relaciones con la sociedad y sus líderes.
  • Impulsen las Marchas para Jesús, testimonio público y visible de la fe evangélica en nuestras ciudades.
  • Preparen o contribuyan al libro sobre el aporte de la Iglesia Evangélica en su país, para que quede registrada, con evidencia y memoria histórica, la obra que Dios ha hecho a través de su pueblo en cada nación.

CONCLUSIÓN

Hermanos, lo que Dios ha hecho en América Latina en el último siglo es motivo de profunda gratitud: somos el tercer continente en crecimiento, enviamos miles de misioneros al mundo, hemos estado presentes en cada crisis, hemos aportado incalculablemente a la sociedad, y tenemos una voz unida a través de nuestras alianzas evangélicas. Pero el mismo Dios que nos ha hecho crecer nos llama ahora a la madurez: a evangelizar con pasión, a relacionarnos con sabiduría, a ser transparentes, a buscar la unidad y a dejar un legado documentado para las generaciones que vienen.

Que el Señor nos encuentre fieles, no solo en el avance, sino también en el desafío. Que Su Iglesia en cada nación de nuestro continente siga siendo luz que no se apaga y sal que no pierde su sabor.

¡A Dios sea la gloria!

Juan Cruz Cellammare

Presidente de la Alianza Evangélica Latina

Puede descargar el documento original completo en este espacio:

El Avance y Desafío de la Iglesia Evangélica en el Continente_Discurso para el Cuerpo de Cristo en América Latina